HISTORIA

MOTIVACIONES PARA REHABILITAR Y PROYECTAR EL ECOMUSEO Y ZOCO

Rojales presenta un conjunto arquitectónico popular subterráneo de gran importancia etnológica y cultural. La rehabilitación y reutilización de la barriada de cuevas de “El Rodeo” (la mejor conservada), comenzada en 1991, ha permitido propiciar la formación del extenso “Ecomuseo del Hábitat Subterráneo), de carácter municipal: 15 cuevas-talleres artísticos y artesanales, cedidos a artistas y artesanos con obra propia; además de una gran sala de exposición (en la cueva central). Por tanto, alternativamente se ha configurado un zoco artesanal en las cuevas municipalizadas y cedidas. Además se imparten actividades formativas, participativas y lúdicas.
Otras motivaciones por parte del Ayuntamiento de Rojales y su Servicio de Patrimonio Cultural fueron las siguientes: por su ámbito histórico, natural, social y natural; por dignificar la expresión cultural y arquitectónica de sus antiguos constructores, a partir de su conservación, rehabilitación y dinamización sociocultural. Y, además, para poder generar un núcleo interactivo que permita la colaboración y participación de la población local y los visitantes.

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APUNTE HISTÓRICO

La vivienda humana -según reconocen los fundamentos sociales de la arquitectura y el urbanismo- es el lugar donde se manifiestan las estructuras sociales de los grupos, el potencial técnico y la habilidad, los mitos y las creencias, así como un cierto número de valores (artísticos, estéticos y morales) característicos del conjunto.

El fuerte crecimiento demográfico en la comarca (en paulatino ascenso desde el siglo XVIII) y, en buena medida, la permanencia hasta principios del siglo XX de las estructuras agrarias heredadas del Antiguo Régimen basadas ampliamente en la propiedad concentrada de la tierra -coyuntura que incluso en determinadas situaciones se agravará por la liquidación de éste y la implantación del nuevo orden capitalista- llevó a gran parte de la depauperada población de la comarca a habitar en barracas sobre solares de veredas y motas (aldeas-calle) o barrios de cuevas en los núcleos urbanos cercanos a zonas montuosas, los cuales en su origen fueron propiedad colectiva. De hecho, los barrios de cuevas de Rojales se pueden considerar como una de las excepciones más notorias de asentamiento contemporáneo comarcal al “modelo” de ocupación por aldeas-calle de los principales caminos y  veredas antiguas; más generalizado en la Vega Baja del Segura.

Los factores de la propiedad territorial y de la estratificación social en nuestro territorio, por tanto, acentúan y condicionan la permanencia histórica de estos fenómenos arquitectónicos y sociales; modelos que, si bien dinámicos y variables, permiten hablar de una arquitectura de clase, más o menos netamente “superpuesta” a una arquitectura que, en comparación, puede definirse como “popular”.
Por ello, tan pronto como la situación socioeconómica va mejorando, a las originarias barracas de las aldeas-calle de Rojales y su comarca les irán sucediendo definitivamente, en la primera mitad del siglo XX, las alineaciones de nuevas casas de tipología huertana; como también sucede en el hábitat disperso de la huerta.

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Respecto al hábitat subterráneo, el panorama también fue variando favorablemente, como lo demuestran la mejora de los interiores y fachadas de las viviendas subterráneas, con pavimentos de ladrillo y azulejo, la aparición de zócalos de cerámica, el refuerzo de muros con mampostería, la incorporación de baño y horno, o incluso la existencia de otras dependencias externas y jardín. Produciéndose, a la vez, una trama sistematizada de barrios enteros de cuevas comunicadas por calles y caminos.
En los años 1950-1960, Rojales contaba con más de dos centenares de cuevas excavadas. Esto pone de relieve que, tras los ensayos y resultados obtenidos, los habitantes constructores de estas cuevas vieron en ellas una solución más funcional, bioclimática y económica que la construcción en superficie: “Las cuevas, al situarse en zonas altas, nos ofrecían mayor protección de las violentas inundaciones del río Segura. Y, además, eran de por sí más aislantes, resistentes y duraderas que las frágiles barracas de barro y testeros de caña, muy fáciles de incendiarse”. Y, posteriormente, como algunos miembros mayores de estas familias también nos han comentado: “por nuestra actividad y costumbre de vida preferíamos vivir en la cueva (con todas las mejoras que hemos mencionado) antes que en un piso”.

LA ARQUITECTURA  SUBTERRÁNEA

Técnicas de construcción

En el pueblo de Rojales, el proceso de excavación es sensiblemente el mismo que en otras partes de Andalucía y Aragón. Consiste en obtener, en primer lugar y por excavación de la pendiente del terreno, un frente o cortado de 2,5 a 4 m. de altura, que permite comenzar la excavación de las habitaciones. La tierra extraída de la excavación se utiliza para ayudar a crear la plataforma que precede a la vivienda y en el terraplén resultante a menudo se planta un pequeño huerto-jardín que contribuía a complementar la precaria economía familiar. Los muros interiores y el de la fachada suelen tener 1 metro de espesor. Las chimeneas se hacen de mampostería trabada con yeso en forma de cono truncado de uno a dos metros de altura.

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Distribución

Las viviendas subterráneas de Rojales se organizan, básicamente, según dos tipos de plantas que se diferencian en la distribución de las habitaciones con respecto a su verticalidad u horizontalidad en relación con la fachada (frente o cortado).

En las viviendas de tipología horizontal, las habitaciones se colocan directamente detrás del paramento que constituye la fachada. Las habitaciones excavadas más allá de esta primera línea tras la fachada, están reservadas a funciones de servicio (segunda cocina) y habitaciones-dormitorio. En la primera línea de excavación, por lo general, se ubica la primera cocina con despensa, dos salas de estar-comedor con sendas puertas, la cuadra, el gallinero, el leñero y el aljibe.

En las viviendas de tipología vertical las habitaciones se introducen profundamente en el terreno, en ocasiones hasta formar cinco habitaciones en línea vertical a la fachada, buscando una nueva salida al exterior. En general, esta distribución tan alargada es explicable por la evolución de la familia: el cabeza de familia comenzaba excavando las habitaciones propias de la distribución unifamiliar (sala de estar-comedor, cocina, dos dormitorios). Pero, cuando los hijos se preparaban para su independencia familiar, seguían excavando en profundidad hasta conformar su propia vivienda o grupo de viviendas.
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